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Visualización del parto

  • Foto del escritor: Valle
    Valle
  • 5 oct 2025
  • 6 min de lectura

La mente no diferencia entre lo que vemos y lo que imaginamos, todo nuestro organismo reacciona de la misma forma, se activa, siente. Por ese motivo la visualización es una herramienta poderosa, que podemos utilizar para experimentar y ayudarnos a decidir desde el sentir.



Más abajo comparto una visualización que escribí en 2015, parte de un taller que di ya entonces en el encuentro Paridas y por parir en León. Esta visualización nace de la inspiración de visualizaciones que escuché de Mariló López Garrido pero, sobre todo, de las que mi madre compartía conmigo cuando yo era pequeña. Ella es la chispa que hizo nacer este texto.


Para vivir un "parto respetado" tenemos que saber qué significa respeto para nosotras. Qué aspectos son esenciales, qué personas, qué formas de acompañar, qué es negociable y qué simplemente no tiene cabida en tu parto.


La regla esencial es que cuando imagines, explora a fondo lo que te haga sentir que se te ensancha el corazón, lo que te transmita una alegría innata, lo que pienses "ojalá esto fuera posible". Porque es muy probable que sea posible, simplemente tienes que tomar las decisiones que abran puertas a lo que tú sientes importante.


Sientas lo que sientas, simplemente observa.


Valle, Octubre 2025



Imaginándo el parto


Tomando este tiempo para ti, para descansar, para sumergirte dentro de

ti y acercarte a tu bebé. Para imaginar el viaje que haréis juntos, sin

miedos, sin obstáculos... con ilusión y entrega.


Vas haciendo, a tu manera y a tu modo, todos los arreglos necesarios

para estar cómoda, libre de interrupciones. Y vas dejando, por ahora,

todos los asuntos que te ocupan en tu diario vivir... sintiéndote... aquí,

ahora.


Permite que tu cuerpo recuerde lo que es natural para él, observa tu

respiración, cuando entra, cuando sale... tal como es, nada que cambiar,

nada que hacer.


Quizás, puedas sentir la textura de la ropa que te toca la piel, el peso de

tu cuerpo que se relaja poco a poco... Tal vez, puedas sentir la

temperatura de esta habitación, escuchar los sonidos de tu entorno, la

música, las palabras... que esta voz te lleva. Y sentir los párpados que

cubren tus ojos, que te permiten descansar y mirar hacia adentro.


Sobre ellos, quizás veas colores, formas, imágenes... o simplemente

espacio. Y tal vez así, como en un sueño, te veas transportado a un

lugar de la naturaleza. A un lugar que te produce bienestar... que te trae

armonía, alivio, descanso.


Observa, si tu quieres, los colores a tu alrededor, los olores de tu entorno,


el sabor que inspiran a tu boca, los silencios, los sonidos.

Observa lo que te hace sentir, las emociones que te acompañan en este

momento.


Caminando, a tu manera y a tu modo, tal vez puedas sentir como tus

pies tocan la tierra... Y nuevamente notando tu respiración, sientes

cuando entra y cuando sale. Nada que cambiar, tal como es.

Disfruta de este espacio que te invita ahora a relajarte, a tumbarte, a

descansar... y cerrando los ojos siente como te sumerges más y más

dentro de ti, como entras en lo profundo.


Y concentrándote en tu cuerpo, tal vez sientas a tu bebé que flota, que

se estira, que te toca desde dentro... Quizás te imagines la bolsa de las

aguas que le rodea, le mece, le protege... la placenta y el cordón que le

nutren, que os hacen temporalmente uno. Estáis compartiéndolo todo,

oxígeno, alimento... cada emoción que corre por tus venas.


Y como tantas veces en las últimas semanas, tu barriga se pone dura...

una contracción viene, abraza a tu bebé, y se va. Os muestra el camino

de lo que será este viaje. Es el agua en los dedos de los pies de la playa

en la que pronto os sumergiréis juntos.


La sensación se repite, viene y va como una ola.


Imperceptible al principio, un recordatorio ocasional,

pero que poco a poco se vuelve rítmica, se hace presente.


Te planteas por vez primera si se acerca vuestro encuentro,

y la emoción te inunda el cuerpo.


Sientes el contacto de la persona que te acompañará en el parto,

y mirándole a los ojos, compartes la ilusión de este instante.


Todo está listo hoy. Has tenido el tiempo que necesitabas para preparar

tu casa, tu nido, tu cuerpo... La vida cotidiana fluye con tranquilidad y alegría.


Entre una ola y otra, retocas los últimos detalles,

y relajas tu mente y tu cuerpo cuando el agua llega.


Poco a poco, sientes como la espuma te moja los tobillos, la parte baja

de las piernas, las rodillas... cierras los ojos concentrándote en la

sensación, y al abrirlos te encuentras en el lugar que has escogido para dar a luz.


Te mueves con libertad por ese espacio, meciendo a tu bebé con cada paso.


Vas observando los detalles de este lugar que te arropa y te protege.


Vas sintiendo los olores, los sonidos... escuchas las palabras de

las personas que hoy te acompañan, el contacto de sus caricias, el cariño

y la empatía con la que respetuosamente están presentes.


Poco a poco, las olas van cogiendo fuerza, el agua cubre tu vientre y salpica tu pecho...

tu te relajas, te dejas guiar por ellas, dejas que tu cuerpo se abra, con confianza.


Tu bebé está contigo, le acaricias a través de tu piel, y le susurras palabras de ánimo.


Le haces llegar la alegría por esta aventura que estáis viviendo juntos.


Cada nueva sensación permítete vivirla con plenitud, sin juicios... a tu manera.


Con una profunda inspiración llénate de luz,

con una profunda exhalación, ríndete, vacíate de todo...


Observa la vida cuando el aliento entra, cuando se va.


La intensidad aumenta, poco a poco. El tiempo se diluye, fugaz tanto como eterno.


Te sumerges en el agua que te agita, te mece, te estremece...

la potencia de las olas se vuelve tal, que te lleva al límite.


Y por un segundo la duda aparece...

tu mente teme no ser capaz de dejarse llevar, no ser capaz de seguir adelante.


Te das cuenta de que no tienes control sobre el agua, ni sobre el viento.


Pero no lo necesitas, no luches, confía. Aún no eres consciente de lo que eres capaz.


Vive este momento como lo vivas, deja que el agua te arrastre,

deja que tu voz exprese lo que tu cuerpo siente, abandónate.


Te rindes... y el agua amansa. Las olas, vuelven a ser dulces y tibias,

es fácil dejarse llevar, entrar en trance mecida por el agua, es fácil descansar.


Y en esta paz, tu cuerpo se recarga.


Notas a tu bebé llenando tu pelvis, viviendo el viaje desde dentro,

compartiendo la tranquilidad de este instante.


Con cada inspiración cobras vida, floreces más brillante, más intensa, más iluminada...

cada segundo eres una persona nueva, crece en ti la hija, nace en ti la madre.


Empiezan, sutilmente al principio, las ganas de empujar...

y la ilusión te inunda, ya queda poco.


Tómate todo el tiempo que necesites para dejar atrás todas tus dudas,

y abraza la maravillosa madre en la que estás a punto de convertirte.


Empujas, a tu manera, tu cuerpo se abre, se estira, tu cuerpo te guía...

no hay prisa, disfruta de este último instante.


Las ganas de empujar se vuelven fuertes, casi incontrolables

y notas como tu piel se estira, quema un poco.


Tu relajas tu cuerpo, tu boca, respiras.


Y la cabeza de tu bebé sale lentamente de tu cuerpo íntegro,

como al pasar por un jersey de cuello de cisne.


La emoción te inunda, el más largo viaje merece la pena por este instante.


Si quieres, puedes tocar la cabeza a tu bebé, tocar su pelo, reconocer su rostro con los dedos.


Tu pelvis abraza por última vez su cuerpo.

Otra contracción llega, y con facilidad sale su cuerpo entero.


Con o sin ayuda, coges a tu bebé en brazos, lo abrazas contra tu pecho...


Siente el calor tibio de su cuerpo, el contacto de su piel contra tu piel, mírale a los ojos,

y tómate todo el tiempo del mundo para observar los diminutos detalles de su cuerpo.


Siente su olor, lámelo si te apetece, escucha su respiración tranquila.


Levantas la vista, y miras a esa persona que ha estado acompañándoos en el parto,

tu pareja, tu amiga... que ha sido tu apoyo y tu refugio,

y le agradeces su presencia en este momento en que la vida renace.


Quédate con este instante, graba en tu cuerpo esta sensación de plenitud,

saca una foto de este recuerdo, y enmárcala en un lugar especial de tu casa,

para que cada vez que pases junto a ella recuerdes este momento.


Vas saliendo hacia la arena de esa playa, con tu bebé en brazos, sintiéndote fuerte, orgullosa...

y notas las últimas olas mojarte las piernas.


Despídete de las olas, de tu vientre lleno de vida, de todo lo que eras antes de este día.


Y vuestra placenta sale con facilidad.

Obsérvala, tócala si te apetece,

y dale las gracias por la vida que ha alimentado todo este tiempo.


Si quieres, vuelve de nuevo la vista hacia tu bebé

y tómate todo el tiempo que necesites

para saborear esta sensación de intimidad y alegría a su lado...

cuando estés lista, sin prisas, vuelve tranquilamente a abrir los ojos.


Tenéis toda una vida por delante, será un reto, una aventura...

Disfruta, como has hecho hoy, del vaivén de la marea.

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